ENTREVISTAS

Pierrot Lambert: «Aprender a escuchar el silencio»

photo Miriam Castro

Par Miriam Castro

ENTREVISTAS

5 febrero 2025

Foto por Miriam Castro

Pierrot Lambert pasó 817 días en un CHSLD junto a su esposa Simone, quien poco a poco iba perdiendo su autonomía. Juntos vivieron momentos marcados por un profundo amor, una devoción inquebrantable y una humanidad conmovedora, a pesar de los miedos y los retos propios del entorno médico.

En su libro Au seuil du silence : chroniques d’un séjour en CHSLD[1] (Novalis, 2024), el autor relata esta experiencia única, no sólo para sí mismo y sus seres queridos, sino también para todos aquellos que necesitan escuchar un relato luminoso y esperanzador sobre el final de la vida.

En una entrevista realizada en el Salón del Libro de Montreal edición 2024, Pierrot Lambert nos contó que al principio escribía con la intención de informar a sus amigos de lo que estaba viviendo. “Para mí era algo completamente desconocido. Al principio, tenía mucho miedo de vivir en un CHSLD[2], porque nunca había oído nada positivo sobre estos centros de acogida. Lo que quería era estar allí para proteger y tranquilizar a mi esposa.”

Así fue como empezó a escribir correos electrónicos a su familia y sus amigos, en forma de relatos. Escritos con un estilo cautivador y auténtico, sus textos atrajeron rápidamente la atención de personas que compartían experiencias similares.

 

Simone y Pierrot

 

La historia de amor de Simone y Pierrot duró cincuenta y un años. Él, traductor de profesión, dedicó cuarenta años de su vida a trabajar para el gobierno canadiense. Ella, maestra por vocación, hizo una brillante carrera en la enseñanza. Como ella había sido monja, también trabajó como agente pastoral en Longueuil y Alemania, donde vivieron cinco años y medio.

Desgraciadamente, Simone empezó a mostrar los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer. Poco a poco fue perdiendo sus capacidades cognitivas y motrices, un proceso difícil de aceptar. Se sintió devaluada e incapaz de continuar con su trabajo, lo que afectó profundamente a su autoestima. Durante varios años, Pierrot cuidó de su esposa en casa hasta que ella se resbaló y se fracturó el pie izquierdo. Tuvo que pasar catorce semanas en el hospital. Cuando fue dada de alta, Simone pensó que iba a volver a casa, pero eso no fue posible, ya que los médicos decidieron que, debido a su enfermedad, lo mejor sería trasladarla a un CHSLD.

En su libro, Pierrot cuenta que cuando llegó al centro de acogida, algunas personas le dijeron que el equipo cuidaría bien de su mujer y que no era necesario que viniera todos los días. Para él, eso no era una opción, pues quería estar cerca de ella para tranquilizarla. Sabía que su presencia era crucial para disipar los temores de su mujer y acompañarla en lo que estaba pasando. “El personal se dedica a proporcionar cuidados y asistencia. Los cuidadores les ayudan a ir al baño, les lavan y les dan de comer. Así que no tienen tiempo para largas conversaciones.”

Con el tiempo, Simone fue perdiendo la capacidad de hablar. Como resultado, la pareja creó su propio lenguaje, que consistía en miradas y gestos. Pierrot tuvo que aprender a “escuchar” el silencio. “Ella me miraba intensamente y extendía las manos. Hablábamos mucho con las manos. Después de cincuenta años juntos, te haces una idea de lo que piensa la otra persona.”

 

Para mí, el tiempo que pasé con mi mujer en este albergue no fue un agujero negro. Al contrario, fue un tiempo de extraordinaria ternura, a condición de estar plenamente presente. Si hubiera estado sola en su habitación, como muchas personas, habría sido muy triste. El personal es excelente, pero no tienen tiempo para sentarse a charlar.

 

Los retos de los cuidadores familiares

 

Convertirse en cuidador significa aceptar una gran responsabilidad, a menudo en un contexto emocional y físico difícil. Los retos son muchos y variados: agotamiento físico y mental, falta de tiempo para uno mismo, dificultades para comunicarse con el ser querido y para gestionar las emociones, como los sentimientos de culpa, son sólo algunos de ellos.

Pierrot ha observado a menudo que la gente no escucha atentamente a sus seres queridos en el CHSLD. Vienen durante una hora, una o dos veces por semana, y hablan de sus actividades y su trabajo. Es como si estuvieran allí más para tranquilizarse a sí mismos que para tranquilizar y apoyar a la otra persona.

 

En general, los residentes en CHSLD viven el presente y en sus relaciones. Ya no les interesan los detalles de su casa, sus posesiones materiales o su carrera. Lo que les preocupa son sus seres queridos, su marido o mujer, sus vecinos, sus hijos y los buenos momentos que pasaron juntos.

 

Aunque la persona ya no hable o parezca perdida en sus pensamientos, es importante no ignorar su presencia. Los cuidadores deben prestar mucha atención a las reacciones de la persona. “Solía dar de comer a mi mujer. Nos hacía mucho bien porque estábamos cerca y ella comía a su ritmo. Los cuidadores estaban encantados de que yo también me ocupara de ella.”

Simone falleció en 2023. Pierrot Lambert sigue escribiendo y traduciendo mientras trabaja a tiempo parcial en el mismo CHSLD, donde ahora es presidente del comité de residentes y del comité de esparcimiento. Con su equipo, organiza un amplio programa de actividades recreativas.

También trabaja como consejero espiritual. Todos los martes se reúne con los residentes en sus habitaciones y les invita a compartir un “café espiritual”, un momento especial para hablar de temas a veces muy personales. También trabaja con las familias cuyos seres queridos están en fase terminal.

Para concluir, Pierrot afirma: “He descubierto una nueva vocación, y le estoy profundamente agradecido a mi mujer por guiarme por este camino.”

 

Notas:

 

[1] En el umbral del silencio: crónicas de una estancia en un CHSLD (traducción libre)

[2] En Quebec, los centros de acogida y cuidados de larga duración, también conocidos como CHSLD, son entornos de vida adaptados para personas que necesitan asistencia y cuidados varias horas al día.

 

ACERCA DE MIRIAM CASTRO

Apasionada de los viajes y la cultura, Miriam decide establecerse en Quebec y finaliza una Maestría en Comunicación por la UQAM, mientras dirige la Fundación Père-Ménard. Cuando no está corriendo para hacer su meditación en movimiento, Miriam gusta de leer un buen libro, mirar series o compartir una buena comida con las personas que ama.

 

Las opiniones expresadas en los textos son de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de la Fundación Padre-Menard. Todos los textos publicados están protegidos por derechos de autor.

 

Partager :

¿Quieres recibir más contenido?

Suscríbase a nuestra lista de correo y le enviaremos un correo electrónico cada vez que se publique una nueva publicación, es fácil y gratuito.

Yo suscribo