TESTIMONIOS DE FE

Percy Robles: “Todo lo que somos y tenemos viene de Dios”

Par Collaboration spéciale

TESTIMONIOS DE FE

2 octubre 2024

Percy Robles durante la reunión de la delegación Perú-Brasil 2023

Nací en la región de Ancash, en el norte de Perú, una tierra bordeada por el Océano Pacífico. Doy gracias a Dios por haberme dado la vida y por haberme permitido crecer en el seno de una hermosa familia católica profundamente arraigada en su fe.

Mi papá, Marcelino Robles Peña, acaba de cumplir 100 años. Es un verdadero sabio, apasionado del Derecho y con un talento excepcional para resolver litigios. Gracias a estas cualidades, desarrolló una exitosa carrera como juez de paz. En cuanto a mi mamá, Grimaneza Vega Miranda, ella es una madre y esposa modelo.

Mis padres celebran este año su 73 aniversario de boda. Han tenido catorce hijos, de los cuales yo soy la menor. Por desgracia, tres de mis hermanos murieron antes de cumplir los dos años. El resto de nosotros ha recibido una educación completa que nos ha permitido obtener títulos universitarios en diversas disciplinas.

Durante mis estudios formé parte de un grupo juvenil llamado “Nueva Generación”, así como del coro de la parroquia de Santo Domingo de Guzmán, en la diócesis de Huarí, en Ancash. Posteriormente, fui invitado, junto con dos de mis amigos, a participar en un encuentro vocacional organizado por la Sociedad de los Misioneros de los Santos Apóstoles en Chosica, cerca de Lima, en agosto de 1993. Esta experiencia fue para mí una oportunidad increíble al poder compartir mis sueños y experiencias con otros jóvenes de diferentes partes del Perú.

 

El sacerdocio, una vocación divina

 

En enero de 1996, tras una profunda reflexión, asumí la vida religiosa con los Misioneros de los Santos Apóstoles. Mi formación, marcada por estudios de filosofía y teología, así como por un proceso personal, se prolongó durante una década. El 24 de noviembre de 2006, en vísperas de la solemne fiesta de Cristo Rey del Universo, tuve el honor de recibir la ordenación sacerdotal. Desde entonces, agradezco cada día a Dios el precioso don de esta vocación.

Desde entonces, he desempeñado diversos cargos dentro de mi comunidad: asistente del noviciado, director del albergue de caridad Hogar San Pedro, coordinador pastoral, administrador y rector del Colegio Winnetka, consejero y ecónomo de la delegación y, más recientemente, responsable de la delegación Perú-Brasil.

Desde el comienzo de mi ministerio, la bendición de Dios me ha acompañado constantemente en cada una de mis misiones. Estoy convencido de que todo lo que somos y todo lo que tenemos viene de Dios. Por tanto, es imperativo que compartamos nuestras habilidades y dones con nuestros semejantes. Tengo una profunda fe en la Divina Providencia, que nos apoya sin falta y nunca nos abandona. El Padre Ménard solía decir: “La Providencia de Dios siempre se levanta antes que el sol”.

 

Hambre de Dios

 

En América Latina, asistimos actualmente a una disminución significativa del número de vocaciones sacerdotales. La herencia espiritual transmitida por el padre Eusebio Ménard es de gran importancia a este respecto, porque consiste en promover la fe en Dios, pero también en formar y acompañar a jóvenes y adultos hacia el sacerdocio y otros ministerios en la Iglesia. A lo largo de mi vida, ¡he constatado cuánta gente tiene hambre de espiritualidad! Gracias a Dios, el legado del Padre Ménard nos inspira a trabajar con celo y dedicación para formar líderes, tanto religiosos como laicos, que contribuyan al movimiento de humanización y evangelización en las parroquias, asilos, escuelas, lugares santos y organizaciones benéficas que encontramos en nuestro camino.

Actualmente, la Sociedad de los Misioneros de los Santos Apóstoles está presente en las diócesis peruanas de Chosica, Huánuco y Cajamarca, así como en las diócesis brasileñas de Ponta Grossa y São Paulo. Sin embargo, nuestro objetivo es aumentar el número de miembros. Ciertamente, es crucial para nosotros contar con recursos financieros suficientes para garantizar una formación y supervisión adecuadas de los futuros sacerdotes y líderes espirituales, tanto laicos como religiosos. Para alcanzar nuestro objetivo, perseveramos en la búsqueda y desarrollo de soluciones que garanticen la autofinanciación de nuestra propuesta de formación espiritual.

Pero, sobre todo, ponemos nuestra fe en la Divina Providencia, que sin duda hará que recibamos la ayuda que necesitamos gracias a ustedes, personas bondadosas, que buscan renovar el mundo encarnando los valores evangélicos de Jesucristo. Con su ayuda, podremos formar sacerdotes y líderes humanitarios quienes, a través de su testimonio de vida y de fe, trabajen para construir un mundo más humano y fraterno.

 

Percy Robles Vega

 

ACERCA DE COLABORACIÓN ESPECIAL

Le proponemos un artículo que creemos importante difundir por la riqueza de su contenido. En esta ocasión, queremos agradecer al padre Percy Robles Vega, M.S.A., por este testimonio de fe que ha sido difundido también en la Novena Toussaint 2024, el boletín de la Fundación Père- Ménard.

 

Las opiniones expresadas en los textos son de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de la Fundación Père-Menard. Todos los textos publicados están protegidos por derechos de autor.

 

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