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Hay personas que piensan que los creyentes son menos inteligentes que la media porque necesitan un “apoyo”, Dios, para seguir adelante en la vida. Los consideran menos críticos, más ingenuos, que viven en la ilusión y la sensiblería.
¿Y si la fe fuera parte de esa inteligencia del corazón que nos permite superarnos y amar? “El corazón tiene razones que la razón no conoce”, escribió Pascal. Para él, el corazón es una mejor vía de acceso a Dios que la propia razón, que es limitada.
La inteligencia iluminada por el amor
Según la filósofa Simone Weil, la fe “es la inteligencia iluminada por el amor”. Impregna profundamente nuestra existencia y se acerca al misterio con su propia lógica. Nos hace entrar en otra dimensión de sentido, un eje vertical, como si viéramos lo invisible. La fe, ya sea en uno mismo, en el otro o en Dios, es libertad del espíritu y apertura de la inteligencia.
En cuanto a la fe en Dios, no podemos comprender todo ese misterio, pero captamos la luz suficiente para creer cada vez más. La fe busca la inteligencia. ¿No es acaso tarea de la teología reflexionar sobre este tema para comprender mejor lo que creemos? Benedicto XVI, fallecido el 31 de diciembre de 2022 a la edad de 95 años, es un buen ejemplo de teólogo que quiso mantener unidas la fe y la razón. La fe sigue siendo oscura en su acto mismo; por lo tanto, sus efectos no son percibidos totalmente por la inteligencia y los sentidos. Sin embargo, hay un conocimiento oscuro en la fe que nos hace conocer a Dios de una manera sobrenatural.
La fe cristiana, inseparable de la salvación traída por Cristo, establece un contacto con Dios Padre que se difunde en nosotros a través del Espíritu Santo. Él desea comunicarse, darse, expandirse, tal y como lo revela Jesús al ofrecerse por amor a nosotros en la cruz. El acto de fe responde a este deseo de Dios de entablar amistad con nosotros y lo alcanza mejor que la inteligencia. No es una evidencia inquebrantable, sino una adhesión de todo el ser que da un conocimiento intuitivo de Dios.
Los desafíos de la fe
La persona creyente es alguien que se cuestiona, que busca la verdad y que a veces duda. No lo sabe todo, ya que la fe es un camino dinámico que evoluciona constantemente. No se trata de un conocimiento que se adquiere de una vez por todas, sino de una aventura que se lleva a cabo en el camino de la vida.
Su fe crece, crece sin cesar / Porque hay algo / Que su corazón ansía obtener.
San Juan de la Cruz
La duda no es incompatible con la fe. Al contrario, protege al creyente de la arrogancia y la rigidez. La fe es un viaje interior que no puede reducirse a una ideología. Nos abre a los demás, a sus preguntas y a sus sufrimientos. Caminamos con ellos, sean creyentes o no, para vivir en el respeto mutuo y afrontar juntos retos comunes, como la promoción de la paz y la defensa de los más desfavorecidos.
La persona de fe cristiana está llamada a ver a Cristo en los demás, a acogerlos y amarlos tal como son. Busca a Dios, dialoga con otras culturas, como demostró el papa Francisco durante su peregrinación penitencial a Canadá. En el oficio de vísperas en la basílica de Nuestra Señora de Quebec, subrayó que hay dos formas posibles de ver el mundo en el que vivimos: la “mirada negativa” y la “mirada que discierne”.
La primera, la mirada negativa, nace con frecuencia de una fe que, sintiéndose atacada, se concibe como una especie de “armadura” para defenderse del mundo. Acusa la realidad con amargura, diciendo: “el mundo es malo, reina el pecado”, y así corre el peligro de revestirse de un “espíritu de cruzada”. Prestemos atención a esto, porque no es cristiano; de hecho, no es el modo de obrar de Dios, el cual ―nos recuerda el Evangelio― «amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna» (Jn 3,16). El Señor, que detesta la mundanidad, tiene una mirada buena sobre el mundo. Él bendice nuestra vida, dice bien de nosotros y de nuestra realidad, se encarna en las situaciones de la historia no para condenar, sino para hacer brotar la semilla del Reino precisamente ahí donde parecería que triunfan las tinieblas. Si nos detenemos en una mirada negativa, por el contrario, acabaremos por negar la encarnación porque, más que encarnarnos en la realidad, huiremos de ella.
Nos cerraremos en nosotros mismos, lloraremos nuestras pérdidas, nos lamentaremos continuamente y caeremos en la tristeza y en el pesimismo: tristeza y pesimismo nunca vienen de Dios. En cambio, estamos llamados a tener una mirada semejante a la de Dios, que sabe distinguir el bien y se obstina en buscarlo, en verlo y en alimentarlo. No es una mirada ingenua, sino una mirada que discierne la realidad […] Necesitamos anunciar el Evangelio para dar a los hombres y a las mujeres de hoy la alegría de la fe. Pero este anuncio no se hace principalmente con palabras, sino por medio de un testimonio rebosante de amor gratuito, tal como Dios hace con nosotros. Es un anuncio que pide encarnarse en un estilo de vida personal y eclesial que pueda reavivar el deseo del Señor, infundir esperanza, transmitir confianza y credibilidad.[1]
Este texto apareció parcialmente en Prions en Église Canada, edición del 26 de marzo de 2023 (p. 34-35). Difundido con la autorización previa del autor.
Nota :
[1] Papa FRANCISCO, Homilía durante las vísperas con los obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados, seminaristas y agentes pastorales. Quebec, Catedral de Notre-Dame, 28 de julio de 2022. Viaje apostólico a Canadá (24-30 de julio de 2022). Consultado el 28 de enero de 2026. En línea.
ACERCA DE JACQUES GAUTHIER
Casado y padre de familia, Jacques fue profesor en la Universidad Saint-Paul de Ottawa durante veinte años y editor en las ediciones Novalis. Autor de más de ochenta libros, un buen número han sido publicados en Francia y traducidos a varios idiomas. También escribe en Prions en Église y en varias revistas. Se dedica sobre todo a impartir conferencias y retiros espirituales tanto en Canadá como en Francia. Trabajó durante varios años en el programa de televisión de Radio Canadá «El día del Señor». Lleva ocho años escribiedo en su sitio web (www.jacquesgauthier.com) y ha creado su propio canal de YouTube.
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