Foto de Sophie Archambault
Este libro reconstruye el concepto de “soltar” para devolverle toda su profundidad. El autor aclara su verdadero alcance, a menudo confundido por usos triviales, y nos invita a convertirlo en un camino hacia la plenitud espiritual.
¿Qué se entiende realmente cuando se habla de “soltar”? El término, que se ha convertido en una palabra comodín en nuestro vocabulario actual, tiene múltiples significados. Puede referirse al abandono de hábitos que nos limitan o al hecho de liberarnos de emociones pesadas como el miedo, la ira o el rencor, pero también evoca la renuncia a los deseos superficiales, el arte de liberar las tensiones físicas y mentales, o incluso la apertura a una experiencia espiritual más amplia.
Así lo constata el autor Félix Tanguay, quien lamenta que, hoy en día, el “soltar” se reduzca simplemente a “abandonar algo en un sentido positivo” (p. 89). Con su obra, el autor pretende devolver el sentido a este término, ahora tan trillado. Al recontextualizar históricamente el concepto de «soltar», nos ofrece finalmente las claves para convertirlo en una vía de verdadero enriquecimiento espiritual.
Letting go, koan y soltar: las raices historicas del concepto
La primera mención textual del “soltar” se encuentra en la expresión inglesa letting go, que aparece ya en el siglo XIX en escritos protestantes estadounidenses. En ellos, los autores relatan lo que denominaron «la experiencia del precipicio»
Un viajero perdido cae por un precipicio, pero consigue agarrarse a un arbusto. Abajo, un desconocido, al ver la situación, se coloca debajo del viajero, extiende los brazos y le asegura que no corre ningún peligro y que, si se suelta, se salvará.
(p. 16-17)
Esta metáfora, que en el imaginario protestante hace coincidir al viajero con los pecadores que somos y al extranjero con Cristo, asocia el letting go con la idea de sacrificio: es imperativo renunciar a las riquezas, a los apegos materiales y a la búsqueda de la gloria para entregarse totalmente a Dios. El concepto se difunde luego en el ámbito de la curación mental, donde se percibe como un método para reequilibrar el cuerpo mediante el pensamiento y la elevación espiritual mediante el desapego del mundo material, y luego en la psicología moderna, que lo ve como un abandono voluntario del ego que abre la puerta a una transformación interior.
La expresión se enriqueció a principios del siglo XX gracias a Suzuki, un pensador y traductor japonés afincado en Estados Unidos, que se dedicó a hacer accesible la filosofía del budismo zen a los occidentales, de donde surgiría posteriormente el término francés lâcher-prise (soltar). En sus escritos, Suzuki destaca la práctica del koan, es decir, enigmas espirituales que sitúan al adepto en un callejón sin salida mental. Ante la imposibilidad de resolver estos enigmas con sus esquemas de pensamiento habituales, el adepto se ve obligado, tras un largo esfuerzo, a soltar su control intelectual. Es en este lâcher-prise donde se abre el camino hacia un conocimiento intuitivo, que permite acceder a la tan buscada iluminación y a un nivel espiritual superior. Presentada como universal y transcultural, esta experiencia se encuentra, sin embargo, separada de su contexto budista original. Así, al simplificar el koan para hacerlo accesible a su público occidental, Suzuki alimenta una visión reduccionista del desapego, asimilado a una vida sin esfuerzo o a un abandono pasivo de uno mismo.
Poco a poco, el concepto, separado de su arraigo espiritual y religioso, se diluye y se reutiliza en multitud de contextos y disciplinas —desde la libertad corporal de la contracultura de los años sesenta hasta el desarrollo del pensamiento positivo en boga a finales del siglo XX— hasta convertirse en una noción tan vaga como polisémica. “Al final, lo único que se retiene es la fórmula en sí misma” (p. 75). Por eso, hoy en día, evocar el “soltar” puede significar tanto abandonarse a los propios deseos como acoger las emociones sin reprimirlas, o incluso relajar los músculos: el término puede abarcar cualquier realidad, siempre que implique el abandono de algo. Su banalización ha borrado su profundidad espiritual, que ahora hay que recuperar.
Por una espiritualidad del «soltar»
Félix Tanguay propone desde el principio una definición operativa del “solltar”, destinada a todos aquellos que buscan un sentido a su vida, y que rehabilita la dimensión espiritual tradicionalmente vinculada a esta experiencia:
El desapego sería una experiencia interior de (re)generación psicoespiritual, de transformación del corazón, que se produce de forma involuntaria y natural cuando una persona ha agotado toda la fuerza de su voluntad y de su ego y no tiene más remedio que dejar paso a la fuerza de la Vida, que libera, colma y eleva.
(p. 97)
Para el autor, el “soltar” se basa principalmente en un impulso de confianza y optimismo hacia la vida. En el fondo, se trata de adherirse a la convicción de que “todo va bien aquí y ahora” (p. 101) y que cada ser humano lleva dentro de sí los recursos necesarios para su propia liberación interior. Tener fe en la vida es ya comprometerse en la propia búsqueda del “soltar”. Sin embargo, el “soltar” no debe confundirse con una simple pasividad, sino que surge tras un largo trabajo de disciplina, cuando la voluntad, llegada a sus límites, da paso a una relajación total del ser.
Todas las grandes tradiciones religiosas lo ilustran: la oración, la meditación o el ascetismo exigen una implicación sostenida, pero la verdadera liberación se produce más allá del esfuerzo, en el abandono verdadero e incontrolado de uno mismo. Por lo tanto, la voluntad y el “soltar” no se excluyen mutuamente. Para Félix Tanguay, se articulan y se prolongan mutuamente. Sin embargo, este abandono interior no puede lograrse sin un abandono exterior —renuncia a los apegos materiales, a los deseos de consumo excesivo, a todo lo que alimenta el ego, etc.—, lo que simplifica la existencia y favorece, a su vez, el progreso de la vida espiritual.
Nuestra complicada vida nos dispersa por los cuatro vientos. Hay que simplificar. De hecho, a esta vida no hay que añadir nada, sino más bien restar. […] Es ahí donde conseguimos realmente decantar, purgar lo superfluo, entrar en nosotros mismos y conectar con lo esencial, con la luz de las cosas.
(p. 166)
En este sentido, el “soltar” es una experiencia que se lleva a cabo tanto en la vida cotidiana como a través de diversas prácticas espirituales, hasta el momento en que la voluntad cede para dar paso al abandono a la Vida.
Parece claro que, para Félix Tanguay, el dejar ir tiene sus raíces ante todo en el corazón. Retomando la metáfora del precipicio, el autor subraya, al final de su obra, la importancia de aceptar superar las categorías de lo conocido para sumergirse en lo desconocido del vacío, donde se abre una experiencia que trasciende al individuo y, en última instancia, lo eleva. Dejarse caer es consentir morir a lo que creemos dominar, despojarnos de nosotros mismos, para ser trascendidos por la plenitud y la riqueza de la Vida. Entonces se produce una verdadera “caída hacia arriba” (p. 195), por retomar la bella expresión que utiliza el autor. Y es ahí, al final de esta búsqueda espiritual, donde se nos ofrece una realidad singular, de una simplicidad profunda, buena y auténtica, que se revela a través de la intuición, la fe y, sobre todo, la apertura del corazón.
En L’expérience de la falaise. Une spiritualité du lâcher-prise (La experiencia del precipicio. Una espiritualidad del soltar) publicado en 2020, Félix Tanguay nos lleva a un viaje a través del tiempo para rastrear la evolución del soltar, reconstruirlo y reinscribirlo en el campo de la espiritualidad. En última instancia, en sus últimas páginas, el llamamiento del autor es inequívoco: nos invita a acercarnos al precipicio y a aceptar la caída.
ACERCA DE SOPHIE ARCHAMBAULT
Candidata al doctorado en estudios literarios por l’UQAM, Sophie lee y escribe para entender mejor al ser humano, la sociedad, pero sobre todo al mundo en el que vive. Noctámbula, sus lecturas nocturnas sobre la espiritualidad y los fenómenos religiosos han acrecentado su interés por el concepto de lo sagrado. Amante de la naturaleza y sus peligrosas bellezas, la mitología, la historia del arte y todo lo que requiere creatividad, Sophie gusta de encontrarse a sí misma a través de estas pasiones para luego abrirse al mundo que la rodea.
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