La estatua representa a la Virgen Ofreciente,
símbolo del don de sí misma, presentando a su Hijo como
ofrenda a la humanidad. Foto de Miriam Castro.
Estas palabras, pronunciadas por María en las bodas de Caná para invitar a los sirvientes a seguir las indicaciones de su Hijo Jesús, quien convirtió el agua en vino, siguen siendo hoy un poderoso mensaje de confianza en el amor infinito de Cristo. Con ellas, María nos llama a alimentar cada momento de nuestra vida con las enseñanzas de Jesús y a dejarnos guiar plenamente por Él.
La dulzura del corazón de María atraviesa los siglos. Su amor eterno nos guía y permanece más estable que todo el universo, inagotable e inquebrantable.
Desde su nacimiento, María nos ha mostrado con humildad que la salvación está a nuestro alcance. Con su vida ejemplar, María nos llama a avanzar cada vez más profundamente y con mayor sinceridad en nuestro interior, para dejar que se cumpla el plan que Dios ha concebido para cada uno de nosotros. Con el Espíritu Santo, podemos entonces contribuir a la construcción de Su reino, en un espíritu de colaboración con todos nuestros hermanos y hermanas, sin excepción.
Por la aceptación incondicional de María y por el poder del Espíritu Santo, Dios hizo carne su Palabra enviando a su propio Hijo a nuestro pequeño planeta.
En nuestra casa común, que es la Tierra, y en nuestro propio corazón, María acogió con alegría a Aquel que nos trae la Luz y la Vida. Y así, ella permite que esta nueva y eterna alianza sea compartida. A través de la oración y la puesta en práctica de las enseñanzas de su Hijo, tal y como se expresan en los Evangelios, aprendemos a caminar con Aquel que es a la vez hombre y Dios. María nos abre así el paso hacia la Vida Eterna, en el reino de Dios.
María es y seguirá siendo siempre el mejor testimonio de esta Esperanza.
Recibamos sus consejos maternales, que nos invitan cada día a ver en su Hijo la luz que guía a toda la creación hacia su plenitud.
Dios está tan cerca de nosotros. Que nuestra vida sea iluminada por su presencia constante y sostenida por el amor de nuestra Madre.
ACERCA DE DENIS GAUTHIER
Menardiano, empresario, exjesuita y de ascendencia amerindia, herencia de la que se siente especialmente orgulloso, Denis es un universo en sí mismo. Un universo que explora con paciencia y determinación, sembrando las semillas de proyectos movilizadores y amistades leales. Amante de la naturaleza y apasionado del ser humano, sabe convencer y destaca en el arte de rodearse de personas motivadas y creativas que le apoyan y siguen.
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