CORAZÓN EN ACCION

En el Hogar CIMA, la esperanza se hace realidad cada día

Par Jorge Saavedra

CORAZÓN EN ACCION

29 abril 2026

El taller de música concede gran importancia a la enseñanza

de los instrumentos tradicionales del Perú. Foto de Miriam Castro.

A lo largo del año 2025, CIMA acogió a más de 90 menores. El centro es un lugar de paso: unos niños llegan y otros se marchan tras meses o años, para seguir su camino. Los jóvenes llegan con historias de vida a menudo marcadas por el abandono, la precariedad y diversas formas de violencia, vividas en el seno de sus familias o en la calle.

En nuestro hogar, situado entre las colinas de Cieneguilla, en las afueras de Lima (Perú), estos niños encuentran mucho más que un simple refugio. Descubren un espacio seguro y acogedor donde, además de recibir alimento y alojamiento, disfrutan de una educación y un acompañamiento basados en sólidos valores humanos, así como de las herramientas indispensables para labrarse un futuro digno. En el momento de escribir este texto, 42 niños y adolescentes están acogidos actualmente en el Hogar CIMA.

 

Volver adonde todo comenzó

 

Cada mes de noviembre celebramos uno de los eventos más esperados del año: la reunión de antiguos residentes, a quienes llamamos «ex-CIMA», y que dura todo un día. Siempre es un momento lleno de emociones y recuerdos compartidos. Los ex-CIMA regresan al hogar, esa casa donde crecieron, para reencontrarse con sus antiguos compañeros y con los educadores que los acompañaron. Juntos, rememoran las etapas decisivas de su trayectoria y valoran el camino recorrido desde entonces.

Desde las primeras horas de la mañana, nuestro centro se llena de sonrisas y voces familiares. Llegan muchos antiguos residentes, a menudo acompañados de sus hijos. Estos últimos descubren así el lugar que supuso un verdadero punto de inflexión en la vida de sus padres. A lo largo del día se ofrecen numerosas actividades: quioscos donde se puede comprar comida, así como ropa y objetos de artesanía realizados por nuestros jóvenes residentes en diferentes talleres creativos. También se organiza un sorteo, cuyos fondos recaudados se destinan a financiar nuestros programas de formación, contribuyendo así directamente al futuro de los jóvenes a los que acompañamos.

Esta reunión no es solo una celebración, también simboliza el impacto real y duradero del trabajo del Hogar CIMA en la vida de miles de niños y adolescentes. Tres antiguos residentes de CIMA compartieron emotivos testimonios sobre su trayectoria y la vida que llevan hoy en día, ante los niños que actualmente están alojados en el centro. Entre los que dieron su testimonio se encontraba Carlos, que llegó a los 10 años tras haber vivido en la calle. Hoy, con 19 años, estudia mecánica automotriz y ya trabaja en un taller. «Aquí aprendí que tengo valor, que podía cambiar mi vida», nos confiesa con una amplia sonrisa. Su trayectoria va más allá del éxito individual: ilustra el impacto profundo y duradero de CIMA en aquellos a quienes acompañamos.

A continuación, llegó el testimonio de Randy:

 

Tengo 33 años. De muy joven perdí a mi madre y mi padre fue a la cárcel. Crecí en la calle, sobreviviendo entre bandas, comisarías y centros de prevención. Mi infancia estuvo marcada por la soledad, la violencia y la lucha diaria por comer y encontrar un lugar donde dormir. Estuve internado en diferentes centros de menores e instituciones asistenciales. Cada uno de esos lugares forma parte de mi historia, pero fue CIMA lo único que realmente cambió mi vida […]. Salí de allí a los 16 años, decidido a cambiar mi destino. Poco después, fue en el sector de la construcción donde descubrí mi verdadera vocación […]. Quiero expresar mi profunda gratitud al fundador de CIMA, Jean-Louis Lebel, así como a todos los colaboradores, donadores y voluntarios. Gracias por creer en nosotros.

 

Estos momentos de intercambio son esenciales para los niños que se encuentran actualmente en el centro. Demuestran de forma concreta que el futuro puede ser diferente. Gracias al valioso apoyo de benefactores, organizaciones y fundaciones como Adolphe y Roger Ducharme, Thérèse y Guy Charron, y Père-Ménard, estas acciones son posibles. Para todo nuestro equipo, la mayor recompensa sigue siendo ver a estos jóvenes regresar, convertidos en adultos responsables e integrados en el mundo laboral. Sus sueños, al igual que los nuestros, cobran entonces todo su sentido.

 

El aprendizaje de un oficio es fundamental para fomentar la autonomía y la incorporación al mundo laboral.

 

La educación abre las puertas a un nuevo comienzo

 

En el Hogar CIMA, acompañamos a cada niño para que pueda ponerse al día en sus estudios y reincorporarse al sistema educativo. Al mismo tiempo, ofrecemos talleres que les permiten desarrollar competencias técnicas en albañilería, agricultura, apicultura, piscicultura, carpintería, soldadura, entre otras disciplinas.

Estos talleres no solo favorecen el aprendizaje de un oficio, sino también el desarrollo del sentido de la responsabilidad, la disciplina y la autonomía, al tiempo que refuerzan la autoestima y el trabajo en equipo. Por ejemplo, en carpintería, los niños fabrican objetos útiles para el hogar, combinando destreza y creatividad. En la granja y en el huerto ecológico, aprenden a cuidar de los animales y a cultivar la tierra, desarrollando así el respeto por la naturaleza y la paciencia. La música, la cerámica en frío y la pintura sobre tela les ofrecen, por su parte, espacios para canalizar sus emociones y fomentar la expresión artística.

Un día, en el taller de pintura sobre tela, José, un niño con problemas de concentración, logró terminar su primer cuadro. Al verlo, exclamó: «¡Yo también puedo hacer cosas bonitas!» Momentos como este nos recuerdan la importancia de estos pequeños logros, que, por sí solos, disipan el desánimo y la desesperanza.

Es gracias a ustedes, benefactores, que estas victorias son posibles. Cada gesto de solidaridad se transforma en sonrisas, en aprendizaje y en sueños cumplidos. Juntos, seguimos construyendo un hogar donde la esperanza crece cada día.

 

ACERCA DE JORGE SAAVEDRA

Casado y con dos hijos, Jorge es director del Foyer CIMA en Perú desde 2013. Se define como un laico consagrado a Dios que quiere ayudar a niños y jóvenes con problemas o que han vivido en la calle, donde están expuestos a todo tipo de peligros, sufren abusos y malos tratos, mientras permanecen invisibles a los ojos de la sociedad.

 

Las opiniones expresadas en los textos son de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de la Fundación Padre-Menard. Todos los textos publicados están protegidos por derechos de autor.

 

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