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Duna: parte dos. El despertar de un (anti-)mesías

Par Sophie Archambault

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26 febrero 2025

Captura de pantalla del tráiler de la película

En esta continuación de la aclamada Dune de Denis Villeneuve, nos reencontramos con Paul y su madre Jessica, los últimos supervivientes de la Casa Atreides, que se unen a los Fremen para liberar el planeta Arrakis de la dominación de los Harkonnen. Paul, el mesías de los Fremen del que tanto se ha oído hablar, tendrá que navegar entre su deseo de venganza y su miedo a desencadenar una abominable guerra santa.

A primera vista, el interminable mar de arena que cubre Arrakis parece hacer del planeta una zona árida e infértil. Sin embargo, como vimos en la primera película de Dune, Arrakis es el escenario de un gran conflicto político y económico debido a una especia especialmente valiosa que se mezcla con las superficies arenosas.

En la segunda película de esta epopeya cinematográfica, la religión interviene en la discordia que rodea el destino de Arrakis. Toda una estructura religiosa sale a la luz en el seno de la población Fremen, lo que les permite ver en Paul el cumplimiento de una antigua y salvadora profecía. Esta profecía anuncia la llegada de un mesías, el Lisan al-Gaib, que los puede liberar… o esclavizar. Como escribió François Lévesque en Le Devoir, “esta segunda parte de la historia muestra con gran habilidad cómo los conflictos armados están siempre motivados por un deseo de control, ya sea sobre un territorio, un recurso o un pueblo”[1]. La película juega con esta ambivalencia, mostrando a la vez el lado salvador y el lado peligrosamente opresivo de una fe extrema en lo divino. Chani, una mujer Fremen por la que Paul desarrolla un amor sincero, comprende los peligros que conlleva depositar toda la esperanza de un pueblo en una figura religiosa tan poderosa. Por eso teme que se cumpla la profecía, pues intuye que ésta es ante todo un instrumento de control.

 

Quien puede destruir una cosa, dice Paul, la domina.

 

Expuesto a las especias místicas de las arenas, Paul acumula visiones de un futuro apocalíptico, donde el carisma del Lisan al-Gaib en que se convierte justifica el genocidio intergaláctico. La amenaza, aunque latente, es muy real. Paul desea encontrar su lugar entre los Fremen y vengar a la familia Atreides, pero al mismo tiempo teme que su presencia en Arrakis le condene a cumplir su destino mesiánico, y que desencadene finalmente la temida guerra santa.

 

Montar gusanos de arena

 

Según los Fremen, “hay señales”, y las señales no mienten. La profecía indica que el Lisan al-Gaib está destinado a pasar por etapas que le revelarán como el verdadero mesías que el pueblo de las arenas debe seguir. Paul ya cumple varias condiciones para demostrar su naturaleza sagrada: sabe luchar como los Fremen, conoce las particularidades de su modo de vida y es un forastero que niega ser el salvador que todos esperan.

Pero uno de los signos más reveladores es, sin duda, montar en los gusanos de arena, monstruos gigantescos que, actuando como deidades, son también un medio de transporte para los pueblos de las dunas. Montarlos es un verdadero rito de iniciación, que marca un cambio de estatus del individuo. Esta operación, específica de la cultura Fremen, supone un verdadero peligro para nuestro protagonista, ya que este ritual es un poderoso transformador de la identidad. El joven tiene dos opciones: morir o salir transformado del ritual.

Asimilando las diversas habilidades de los habitantes de la arena, aprendiendo sus técnicas y dándoles su confianza, Paul consigue demostrar su valentía y habilidades, y monta brillantemente un gusano de arena, para alivio de los Fremen. Como resultado, la identidad del joven ya no es la misma: mientras que al principio era un extranjero para los habitantes de Arrakis, ahora se convierte en un auténtico Fremen. Pero más que eso, se acerca peligrosamente a su destino sagrado, a la figura mesiánica de la que hace todo lo posible por escapar.

 

El agua y la profecía

 

Los Fremen, que viven en un árido desierto que se extiende hasta donde alcanza la vista, conceden un valor muy especial al agua. Es un recurso muy preciado, porque es escaso. Como dijo Zendaya, la actriz que interpreta a Chani, en una entrevista:

 

Algo que encuentro muy hermoso es la conexión [de los Fremen] con el agua […] y lo que significa espiritualmente para ellos. Desde el punto de vista de mi personaje, significa que incluso llorar es un acto sagrado. No se desperdicia el agua. [2]

 

El agua, por su valor inestimable, desempeña por tanto un papel predominante en el sistema religioso de los Fremen. No es de extrañar, pues, que uno de los más altos cargos que ostenta su pueblo se alcance ingiriendo un líquido conocido como el Agua de la Vida. Ésta, un auténtico veneno extraído de una cría de gusano de arena permite a la persona que la bebe acceder a la memoria de todos sus antepasados. Beber el Agua de la Vida es otro rito de iniciación, el ritual definitivo que parece hacer realidad la profecía al otorgar a Paul la capacidad de comprender lo que ha sido y lo que será. En efecto, al beber este líquido, el joven aclara el sentido de sus visiones del futuro, que antes le aterrorizaban, y asume plenamente el papel de salvador que se le ha asignado. Inicialmente un forastero, se convierte en un Fremen, y de Fremen pasa finalmente a ser un mesías, para bien o, tal vez, para mal.

Dune: parte dos saca realmente a la luz las cuestiones religiosas que conducen a Paul hacia un destino que parece inevitable. En efecto, cuanto más quiere distanciarse el protagonista de la profecía que debe cumplir, más le empujan los elementos de la historia a reivindicar un papel tan poderoso como peligroso. Si bien la figura mesiánica en la que se convierte Paul consigue movilizar a todo un pueblo para luchar contra las injusticias políticas que se ceban en el planeta Arrakis, lo cierto es que esta profecía también parece presentarse como un instrumento de control que esclaviza al pueblo para justificar mejor una futura guerra santa.

 

Notas:

 

[1] François Lévesque, «“Dune: Part Two”, le chef-d’œuvre épicé de Denis Villeneuve», Le Devoir, 22 febrero 2024.

[2] HugoDécrypte – Grands formats, «Zendaya & Timothée Chalamet : L’interview face cachée», [vidéo], 2024, en línea, ❬https://www.youtube.com/watch?v=Y07G73jC0R0&t=586s, traducción libre.

 

ACERCA DE SOPHIE ARCHAMBAULT

Candidata al doctorado en estudios literarios por l’UQAM, Sophie lee y escribe para entender mejor al ser humano, la sociedad, pero sobre todo al mundo en el que vive. Noctámbula, sus lecturas nocturnas sobre la espiritualidad y los fenómenos religiosos han acrecentado su interés por el concepto de lo sagrado. Amante de la naturaleza y sus peligrosas bellezas, la mitología, la historia del arte y todo lo que requiere creatividad, Sophie gusta de encontrarse a sí misma a través de estas pasiones para luego abrirse al mundo que la rodea.

 

Las opiniones expresadas en los textos son de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de la Fundación Padre-Menard. Todos los textos publicados están protegidos por derechos de autor.

 

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