Captura de pantalla del video «Les maladies spirituelles »
(Webtélé ECDQ, YouTube, 6 noviembre 2018)
Catherine Aubin es una religiosa dominica, teóloga, profesora, conferencista, guía espiritual y autora reconocida en los círculos católicos. Enseña teología espiritual y sacramental en Roma y Montreal, y ofrece regularmente conferencias y retiros. En esta entrevista, nos habla de su trayectoria vocacional y del poder de la oración.
Originaria del oeste de Francia, es la menor de una familia de siete hijos. A los seis años, ya tenía una convicción firme y luminosa en su pequeño corazón de niña: algún día sería religiosa. Dos años más tarde, cuenta que vivió otra experiencia espiritual, sencilla pero muy intensa: “Mientras paseaba por los alrededores de la casa en el campo, sentí la alegría de Dios en mí, mi corazón estaba efervescente, lleno de luz, lleno de estrellas”.
Pero su fe se vio profundamente sacudida durante la adolescencia, y no sin razón, ya que vivió una de las pruebas más difíciles que una persona puede atravesar: la pérdida de un ser querido. Su hermana mayor falleció en un incendio. Esta tragedia supuso una ruptura importante en su relación con el Señor.
Servicio y oración en Lourdes
Sin embargo, en medio de este periodo de rebelión, sufrimiento e incomprensión, se le abrió simultáneamente un nuevo camino que alimentó su búsqueda de sentido y consuelo. Catherine Aubin comenzó a acudir al Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, lugar de las apariciones de María, donde, desde hace más de 150 años, miles de enfermos acuden en busca de esperanza y sanación.
Durante una semana, ayudé a la gente a bañarse en las piscinas de Lourdes. Para mí, fue una semana de claridad, servicio y oración. Una semana en la que sentí muy fuertemente la presencia de María, una presencia extremadamente tranquilizadora, consoladora y que me permitió arraigarme en la presencia de Dios.
Catherine visitó Lourdes durante ocho años. Al mismo tiempo, estudiaba psicología en la Universidad Católica del Oeste, en la ciudad de Angers. No fue hasta los 21 años cuando volvió a atravesar un periodo marcado por profundas dudas y cuestionamientos. Pero un día, vio a una religiosa en una de las piscinas de Lourdes, rezando con todo su ser, visiblemente habitada por el Espíritu. Antes de marcharse, Catherine se acercó y le hizo una pregunta: “¿Quién es Jesús para usted?”. “Es mi mejor amigo”, le respondió la religiosa. “Nunca había oído una respuesta así”, confiesa Catherine. “Esas palabras me impactaron y me hicieron reflexionar mucho”.
El llamado se hace más fuerte
Dos años más tarde, el llamado de Dios se hace sentir con mayor intensidad, y Catherine siente la necesidad de confiar sus inquietudes a alguien, tal vez a la religiosa que había conocido en Lourdes. El problema es que no tiene ni su número de teléfono ni su dirección. Afortunadamente, se encuentra con un amigo que la conoce y accede a darle los datos de contacto de la religiosa en París. Catherine decide entonces ir a verla.
Llega a la iglesia de Saint-Leu-Saint-Gilles, en el distrito 1 de París. Después de escucharla atentamente, la religiosa le confirma que tiene la vocación y le recomienda que busque una congregación religiosa en su región. Catherine visita varias comunidades, pero ninguna se ajusta a lo que busca. Finalmente, la religiosa la invita a pasar unos días en la suya: una comunidad de dominicas.
Pasé cuatro días en esta comunidad dominica, compartiendo una vida dedicada tanto a la oración como al compromiso con el mundo, acogiendo a todas las personas que cruzaban las puertas de la iglesia. Cada día, entre veinte y treinta personas venían a comer a la cocina contigua. Durante mi último día, se rezaba en voz alta por los enfermos y por aquellos que atravesaban momentos difíciles. Allí viví una especie de iluminación, durante horas que parecieron solo minutos.
Así, como dice la propia Catherine Aubin, no fue ella quien eligió la vida dominica: fue la vida dominica la que la acogió plenamente. Desde entonces, no ha dejado de profundizar en su fe, su caridad y su relación con Dios. Doctora en Teología Espiritual por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma, dedica su energía a comprender, vivir y transmitir un enfoque relacional de lo divino, centrado en lo esencial de la presencia interior.
La oración como camino de transformación
Su libro más reciente, Tu nous feras prier (Nos harás rezar), surgió durante un bautizo al que asistió una editora de Novalis. Durante la misa, ella era la única que respondía, ya que nadie más se sabía las palabras, lo que la entristeció profundamente. Por lo tanto, este libro tiene como objetivo ayudar a comprender mejor y devolver el sentido a las palabras que se pronuncian durante la misa.
No es un libro de liturgia ni un manual de teología sacramentaria. Es más bien una invitación a redescubrir la riqueza de oraciones como Señor, ten piedad, Gloria a Dios, Aleluya, Padre Nuestro o Cordero de Dios. Transmitidas y repetidas durante siglos, estas oraciones ya no encuentran un eco verdadero en la fe de muchos creyentes ni les llegan interiormente: eso es precisamente lo que Catherine intenta cambiar.
Estamos hechos de palabras. Ellas nos moldean. Cuando digo cosas bellas, o cuando me las dicen, mi día puede transformarse por completo. Por el contrario, las palabras negativas pueden generar tristeza. Las palabras de la misa son fulgurantes, llenas de vida. Pero si las repetimos como una simple rutina, nos hundimos en lugar de elevarnos.
Somos seres de relación. “En una amistad”, explica Catherine Aubin, “nos miramos a los ojos, nos interesamos sinceramente por el otro y entablamos un diálogo”. Del mismo modo, Dios es relación, y la misa es ante todo el lugar de ese encuentro vivo con Él. Por ejemplo, sobre el Señor, ten piedad, la autora escribe:
“Esta primera oración nos obliga a mirarnos por dentro y ver lo que hay allí, para salir del letargo, de la inconsciencia y del olvido. Es la expresión de la vulnerabilidad humana, un grito del corazón y también una búsqueda de misericordia. Es la toma de conciencia de un alejamiento, de una forma de vagar lejos de la benevolencia incondicional de Dios.[1]»
De la misma autora
La Hermana Catherine Aubin ha escrito numerosas obras: Où es-tu Marie? (¿Dónde estas Maria?) (Novalis, 2024), Mourir d’envie ou vivre d’amour? (¿Morir de envidia ou vivir de amor?) (Artège, 2022), Renoncer (Renunciar) (Salvator/Novalis, 2020), Sept maladies spirituelles (Siete enfermedades espirituales) (Salvator/Novalis, 2019) y Prier avec son corps (Rezar con el cuerpo) (Cerf, 2005).
Nota:
[1] AUBIN, Catherine, Tu nous feras prier, Canada, Ediciones Novalis, 2025, p. 24. Traducción libre.
ACERCA DE MIRIAM CASTRO
Apasionada por los viajes y la cultura, Miriam decidió establecerse en Quebec. Graduada en administración filantrópica y gestión de proyectos en HEC Montreal, y con un máster en comunicación por la UQAM, ocupa desde hace más de trece años el puesto de directora general de la Fundación Père-Ménard. Cuando no está corriendo para meditar en movimiento, le gusta leer, ver películas y series o compartir una buena comida con la gente que ama.
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