Foto de Laurence Gagnon
En forma de fragmentos a camino entre el ensayo y la poesía, este libro recopila las reflexiones de la autora sobre el concepto de la belleza, sus diferentes formas y los lugares donde se encuentra.
A través de pasajes de su trabajo —Bahar Orang es residente en medicina, con doctorado en este campo, y está cursando una formación especializada en psicología— y de su vida privada, podemos vislumbrar sus concepciones de la belleza, que se encadenan como lo harían los pensamientos durante una sesión de meditación.
La belleza libre
Meditar es dejar fluir los pensamientos sin retenerlos ni darles vueltas. Así se presentan los breves textos recopilados en este libro; los fragmentos se suceden uno tras otro, con el único nexo lógico de una temática, una palabra o un enfoque abordado en el anterior. El fragmento, esa forma breve de prosa poética, respalda de manera ideal el discurso de la autora, ya que es libre, sin reglas ni estructura definidas. Y cuando se trata de la belleza, Bahar Orang muestra que no hay una única manera de definirla. De hecho, convierte la ausencia de consenso en el punto central de su libro: sus reflexiones son una apertura a la multitud de encarnaciones de la belleza, más que una búsqueda de una única definición.
Por favor, comprende que la belleza no es un problema que haya que resolver, la belleza no es una pregunta que haya que responder, la belleza rechaza el cierre o la simplicidad.[1]
(p. 29)
La belleza es libre; aparece, casi al azar, y depende de nosotros percibirla.
La autora examina su propia relación con la belleza: “Ahora idealizo la belleza, purifico la belleza, como si no se ocultara en el desorden de deseos y remordimientos que es nuestra vida […].” (p. 10) Esto significa que la belleza es, ante todo, omnipresente; la autora la encuentra en el ser amado, en la intimidad del hogar, en la memoria, pero también en el dolor que ve a diario en sus pacientes del hospital. Y su omnipresencia da testimonio de su complejidad, ya que tiene la capacidad de encontrarse en todo y su contrario; la belleza se contradice constantemente. La autora da testimonio de la dificultad, a veces, de encontrar las palabras adecuadas para hablar de la forma en que se percibe. Escribe: “Uno de los efectos de la belleza es suavizar las contradicciones; de hecho, nos ofrece ante todo un lenguaje en el que simplemente no hay contradicciones […]” (p. 19). Es un lenguaje que permite decir lo indecible y, por lo tanto, para la autora, una forma de expresar el amor: por uno mismo, por los demás, por las cosas.
Un pretexto para la introspección
La belleza, al igual que la memoria, solo puede definirse de forma provisional. No se puede escribir un ensayo completo sobre la belleza; no hay palabras definitivas ni imágenes perfectas.
(p. 29)
A lo largo de sus reflexiones, la autora señala que, para ella, la belleza es ante todo una guía que la acompaña a lo largo de su vida, ya que, a pesar suyo, Bahar Orang siempre está en busca de ella y solo emprende proyectos en los que este concepto es fundamental.
El hospital es, además, un lugar de belleza. La autora la encuentra en este lugar quizás inusual, en los momentos de sufrimiento de los pacientes, en los cuerpos abiertos durante las operaciones (el cirujano califica de “obra de arte” una operación intestinal; la belleza es, por tanto, también anatómica). El dolor resalta lo bello: ¿no dijo Bahar Orang que la belleza reside en las contradicciones? Ella escribe:
De repente, me doy cuenta de que la belleza a veces está indisolublemente ligada al sufrimiento, que la belleza no es nada si no es un detalle esencial de la relación, del entrelazamiento, y somos tan frágiles cuando nos acercamos un poco, un poco más, los unos a los otros, habitando ese tercer espacio, habitando un estado de vulnerabilidad perpetua, oscilando entre la destrucción y la reparación.
(p. 41)
Sin glorificar el dolor, Bahar Orang lo posiciona como un lugar donde, a pesar de todo, es posible ver algo bello.
La noción de fragilidad en la belleza impregna el libro y se ilustra no solo con la fragilidad del cuerpo, sino también con las alusiones y comentarios sobre las flores que se encuentran diseminados a lo largo de los fragmentos. Desde delicadas amapolas hasta lavanda con aroma nostálgico, Bahar Orang las utiliza como vínculos temáticos entre la belleza y las reflexiones sobre la intimidad, la memoria y las relaciones afectivas en las que se esconde. Porque estos aspectos de la experiencia humana son también de una magnífica fragilidad: imperfectas, defectuosas, difíciles.
La autora no encuentra respuestas a las preguntas en este ensayo; según ella misma admite, ese nunca ha sido su objetivo. Por el contrario, abre puertas, nuevas vías de reflexión sobre qué es la belleza y cómo se encarna. Lo que está claro, sin embargo, es que habita constantemente en la autora e influye en todas las esferas de su vida: su trabajo, su relación con los demás, la percepción que tiene de sí misma, su intimidad. La belleza reside en Bahar Orang del mismo modo que ella misma habita la belleza como una casa, un lugar en constante desarrollo, imperfecto, pero que es suyo.
Últimamente tengo la impresión de que, la mayoría de las veces, el significado surge lentamente de una lectura que permite que el objeto siga siendo él mismo, íntegro, con vida propia más allá de mi contacto con él.
(p. 93-94)
Y ese es precisamente el sentimiento que queda al terminar de leer Là où les choses se touchent (Allí donde las cosas se tocan): el de un significado cuyos contornos se perciben vagamente, pero sabiendo que es mucho más amplio.
Nota:
[1] Se ofrece este fragmento, y los que siguen, en traducción libre.
ACERCA DE LAURENCE GAGNON
A Laurence siempre le ha apasionado la literatura. Maestra en lengua y literatura francesas por la Universidad McGill, le interesa lo que los textos literarios pueden decir sobre el ser humano y su relación con el mundo. Curiosa por naturaleza, Laurence disfruta aprendiendo sobre diferentes culturas, su modo de ver la espiritualidad y sus relaciones con la comunidad. Sus pasatiempos van desde caminar por el bosque hasta el cine japonés, la literatura de las Primeras Naciones y la música clásica.
Las opiniones expresadas en los textos son de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de la Fundación Padre-Menard. Todos los textos publicados están protegidos por derechos de autor.



